Vivir de alquiler barato a cambio de impartir clases

Alberto, durante una de sus clases.

Alberto, durante una de sus clases.

  • Dos jóvenes estudiantes imparten cursos de informática en la asociación de vecinos Puente Santiago a cambio de un piso de alquiler.

  • Participan en uno de los programas de Zaragoza Vivienda que facilita piso a universitarios que hagan trabajo social.


Alberto Felipe Orduna tiene 28 años. Es estudiante de Ingeniería Informática y desde este mismo curso comparte sus horas de estudio con una labor de trabajo social que le permite vivir en un piso compartido por solo 100 euros al mes.

Dos días a la semana acude a la asociación de vecinos Puente Santiago del Actur donde imparte junto a un compañero de clase sendos cursillos de informática básica y uso de teléfonos móviles.

Los dos participan en el programa de Zaragoza Vivienda que facilita viviendas de alquiler a precios asequibles a universitarios que, a cambio del piso, realizan un determinado trabajo social.

De Huesca a Zaragoza

«El año pasado vivía en Huesca y cursaba la carrera a distancia», explica Alberto. «Sin embargo, me enteré de la existencia del programa de Zaragoza Vivienda y decidí echar la solicitud para ver si me aceptaban», recuerda Daniel.

Formalizó los papeles en el verano de 2015, asistió a una entrevista personal y el programa aceptó su solicitud. «Gracias a eso pude venir a Zaragoza, donde comparto piso con un compañero. Pago 40 euros más gastos por el alquiler. Al final, la renta se queda en unos 100 euros mensuales contando todo. Está muy bien», sentencia.

A partir de ahí acudió al centro de Zaragoza Vivienda donde, una vez revisado su perfil, decidieron enviarle a la asociación de vecinos. «Querían dar un curso de informática. Montaron los cursos y a la semana ya teníamos una decena de alumnos inscritos», explica.

Cuatro horas de clases a la semana

Tanto él como su compañero Daniel acuden dos días a la semana a impartir las clases. «Voy dos horas por la tarde los martes y otras tantas los jueves, de seis y media a ocho y media». El alumno más joven tiene algo más de 50 años y el más viejo pasa de los 70.

«Es muy gratificante. Ya no solo por el alquiler. Los vecinos que asisten a los cursos son muy agradecidos. Ellos nos ayudan a nosotros y nosotros a ellos», confiesa Alberto.

Participar en la iniciativa ha calado también hondo en él. «Las personas que participan en la asociación de vecinos son muy activas, muy luchadoras y con ganas de trabajar. El trabajo que hacen es envidiable», sentencia.

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